**Diario de un hombre que casi arruina su sorpresa**
Mi mujer pensaba que estaba de pesca con los amigos, pero esa misma noche me vio en directo en la boda de su mejor amiga.
¡No, no y mil veces no! Marisol alzó las manos con desesperación. No puedo ir a esa boda, Carmen. Sabes que Javier lleva meses planeando la excursión de pesca con Manolo. Han estado preparándolo todo, no puedo echarlo a perder a última hora.
Pero es la boda de Lucía Carmen dejó la taza de café con un gesto indignado. ¡Tu mejor amiga desde la universidad! Nunca te lo perdonará si faltas. ¿Qué pesca puede ser más importante?
Para Javier, sagrada Marisol suspiró. Apenas sale sin mí. Lleva toda la primavera hablando de ello, compró cañas nuevas, la tienda de campaña No puedo fallarle.
¿Y a Lucía sí? Carmen negó con la cabeza. Eligió la fecha pensando en ti, para que pudieras venir desde Zaragoza. Ya pagó vuestra mesa y estáis en la lista de invitados.
Marisol se ajustó nerviosa un mechón rebelde. Llevaba una semana con este dilema. Por un lado, la boda de Lucía, su amiga de toda la vida. Por otro, la ansiada excursión de Javier. Y justo coincidían.
¿Y si voy sola? propuso. Le explico la situación, Lucía lo entenderá.
Claro que lo entenderá resopló Carmen. Pero se guardará el rencor eternamente. ¿Recuerdas cómo se enfadó cuando faltaste a su cumpleaños hace tres años?
Eso fue distinto replicó Marisol. Se me olvidó, pero ahora tengo una razón de peso.
Sí, la pesca ironizó Carmen. Bueno, decide tú. Pero luego no digas que no te avisé.
La charla dejó un mal sabor. En el camino a casa, Marisol sopesó las opciones. ¿Hablar de nuevo con Javier? ¿Explicarle lo importante que era la boda? Pero él estaba tan ilusionado con el viaje Sería egoísta pedirle que cancelara.
Javier la recibió en la entrada, ayudándola a quitarse el abrigo. Olía a colonia y a algo delicioso desde la cocina.
La cena está lista anunció con una sonrisa. Tu pasta favorita con mariscos. ¿Qué tal el día?
Bien Marisol le dio un beso en la mejilla. He estado con Carmen, te manda saludos.
Durante la cena, el tema de los planes del fin de semana surgió inevitablemente.
¿Seguro que no te importa que vaya de pesca? preguntó Javier, mirándola fijamente. Si la boda es tan importante, puedo quedarme.
No, no respondió ella. Ve, claro. Lo habíais planeado desde hace meses. Lo entiendo.
¿Segura? él aún parecía preocupado. Manolo dice que allí la cobertura es mala. Intentaré enviar mensajes cuando pueda.
Tranquilo aseguró Marisol. Disfruta. Yo iré a la boda de Lucía, no puedo fallarle. Iré sola, le explicaré lo de la pesca.
Javier asintió, pero hubo un destello de alivio en su mirada. Ella lo atribuyó a la alegría de no cancelar su viaje.
El viernes fue un caos de preparativos. Javier revisaba las cañas, la tienda, llamando a Manolo para confirmar detalles.
Que no se te olvide la caña, pescador de pacotilla bromeó Marisol, viéndole buscar la linterna. Y que piquen bien.
Gracias, cariño la abrazó fuerte. Cuídate. Y felicita a Lucía de mi parte.
Claro Marisol enterró la nariz en su cuello, respirando su olor. Aunque sin ti no será igual de divertido.
Lo pasarás genial él le besó la cabeza. Bueno, me voy. Manolo ya está abajo con el coche.
¿Traerás algo de pesca? preguntó ella en la puerta.
¡Por supuesto! guiñó un ojo. ¡Fiesta garantizada!
Al cerrarse la puerta, Marisol sintió un vacío extraño. Tres días sin Javier. Rara vez se separaban, incluso viajaban juntos. Pero bueno, el fin de semana pasaría rápido. Además, mañana era la boda, tendría distracción.
Por la noche, llamó a Lucía, quien, afortunadamente, lo entendió.
Lo importante es que vengas tú dijo. Sin ti no sería lo mismo. A Javier apenas lo vemos, sobreviviremos.
Hasta mañana sonrió Marisol. Y enhorabuena. Serás la novia más guapa.
El sábado fue un torbellino de preparativos: vestido, maquillaje, regalo. Eligió un elegante vestido azul que le favorecía. Al mirarse al espejo, estaba satisfecha: radiante.
Un mensaje de Javier llegó al amanecer: *«Llegamos bien, montando el campamento. La cobertura es fatal. Besos, buen día.»*
Ella sonrió y respondió: *«Buena pesca. Te quiero.»*
La boda era en un lujoso restaurante en el centro de Madrid. Marisol llegó tarde el tráfico era infernal. La ceremonia ya había terminado cuando entró.
¡Marisol! Lucía, resplandeciente en blanco, corrió a abrazarla. ¡Por fin! ¡Pensé que tampoco vendrías!
¿Cómo iba a perderme esto? la estrechó. ¡Estás preciosa! David es un afortunado.
Gracias, cielo Lucía brillaba de felicidad. Lástima que Javier no viniera. Pero entiendo lo de la pesca, los hombres y sus rituales.
Te manda felicitaciones y disculpas dijo Marisol. Prometió compensarlo.
La llevó a la mesa, donde ya estaban los amigos de la universidad: Carmen con su marido, Laura con el suyo, Roberto con su nueva pareja. Reencontrarse con ellos alivió la ausencia de Javier. Brindis, risas, un ambiente cálido.
¿Y tu media naranja? preguntó Roberto, inclinándose. ¿No viene?
De pesca con los amigos respondió ella. Llevaban meses planeándolo.
¿Pesca en abril? él arqueó una ceja. ¿No es pronto?
¿Por qué? se encogió de hombros. Javier dice que la pesca en primavera es la mejor. Aunque yo no entiendo.
Bueno, él sabrá Roberto esbozó una sonrisa extraña.
La fiesta avanzó. Después de la cena, llegaron los bailes y los juegos. Marisol, relajada por el champán, notó que varios invitados rodeaban un teléfono en transmisión en vivo.
¡Es Bea, haciendo directo para Instagram! exclamó Carmen. Ven, Marisol, saluda.
Ella se acercó, sonriendo tímidamente a la cámara.
Hola a todos dijo. La boda es maravillosa, lástima que no todos estén.
¡Mostremos el ambiente! Bea giró el teléfono, capturando la pista de baile. De pronto, exclamó: ¡Eh, ¿ese no es Javier?!
Marisol siguió su mirada. Junto a la barra, un hombre idéntico a su marido bailaba. Reconoció su figura, su camisa clara, esos gestos.
No puede ser él rió nerviosa. Está de pesca. A kilómetros de aquí.
¡Pero si es él! insistió Bea, enfocando la cámara. ¡Mira!
En la pantalla apareció el rostro de Javier, riendo con una mujer desconocida. El suelo se hundió bajo sus pies. ¿Qué hacía él aquí?
¡Javier! gritó, con voz estridente.
Él se volvió, y al verla, palideció. Murmuró algo a la mujer y salió corriendo.
Marisol, aturdida, lo siguió, ignorando las miradas.
¡Espera! él la alcanzó en el pasillo. Puedo explicarlo.
¿Qué hay que explicar? su voz temblaba. ¿Que mentiste sobre la pesca? ¿Que estás aquí, en la boda de Lucía, donde *no podías venir*? ¿Y quién es esa mujer?
No es lo que piensas se pasó una mano por el pelo. Podemos hablar en privado.
Aquí y ahora. ¿Por qué mentiste?
Él miró alrededor. Estaban solos.
Vale suspiró. No había pesca. Mentí, pero no por lo que crees.
¿Entonces?
Era una sorpresa confesó en voz baja. Para nuestro aniversario.
¿Una sorpresa? arqueó las cejas. ¿En la boda de mi amiga?
Exacto asintió. Lucía y David me ayudaron. Preparé un número musical con esa chica, una cantante profesional. Iba a cantarte para nuestro aniversario, y hoy íbamos a ensayar aquí.
¿Y por eso inventaste lo de la pesca? no podía creerlo. ¿En vez de decírmelo?
Si te hubiera dicho que venía a la boda sin ti, sospecharías sonrió tímido. Quería que fuera una sorpresa de verdad.
Dios mío se cubrió la cara. ¿Mentiste para *sorprenderme*?
Sé que fue tonto la tomó de los hombros. Perdóname. No sabía que vendrías sola. Cuando Lucía me dijo, entré en pánico.
¿Y qué me decías de las fotos donde sales bailando?
No lo pensé admitió. No se me da bien mentir.
En ese momento, Lucía apareció en el pasillo.
¡Aquí estáis! exclamó. Javier, pensé que te habías escapado. ¡Todavía falta el ensayo!
¿Tú lo sabías? Marisol la miró fijamente.
Claro Lucía sonrió. ¡Era tan romántico! Javier quería hacer algo especial, y nosotros le ayudamos. ¿No estás enfadada?
Marisol miró a su marido. En sus ojos había arrepentimiento y esperanza.
No sé si enfadarme o no confesó. Pero estoy en shock. ¿Toda esta farsa por una canción?
No cualquier canción dijo Javier. *Nuestra* canción. La de nuestro primer baile.
Marisol sintió que la ira se disipaba, reemplazada por ternura.
Eres pésimo mintiendo susurró. Pero es muy dulce.
¿Entonces me perdonas?
Con una condición sonrió picarona. Quiero oír la canción *ahora*. Si el secreto ya se sabe
¡Pero no estoy listo! protestó él.
No importa dijo ella. Seré benevolente.
¡Y yo insisto! intervino Lucía. Al fin y al cabo, es mi boda.
Media hora después, Javier, nervioso, se plantó ante el micrófono. La música comenzó: su canción. No cantaba perfecto, pero con tanto amor en la mirada que a Marisol se le llenaron los ojos de lágrimas.
Al terminar, los aplausos estallaron. Ella lo abrazó fuerte.
Eres increíble susurró. Te quiero.
¿A pesar de mi mentira?
*Por* ella sonrió. Porque demostró hasta dónde llegas por hacerme feliz.
De vuelta a casa, en el taxi, Javier seguía apenado.
Quería hacerlo bien dijo. Casi lo arruino.
Ahora tenemos una anécdota para los nietos rió ella. *El día que el abuelo fue de pesca y la abuela lo vio en directo en una boda.*
Suena a telenovela él también rió. Prometo no más secretos.
No, los secretos sí Marisol lo miró con picardía. Pero elige mejor la excusa. Pesca en abril demasiado sospechoso, como dijo Roberto.
Notado asintió. Y bueno aún podemos ir a pescar de verdad. Manolo nos invita siempre.
Con una condición sonrió. Cantarás para mí junto a la fogata. *Sin* ayuda profesional.
Él hizo una mueca, pero asintió.
Lo que sea por mi mujer. Aunque ahuyente a todos los peces del río.
Y ambos rieron, sabiendo que este absurdo episodio los había unido más que nunca.
**Lección aprendida:** A veces, las mentiras más torpes esconden las intenciones más puras. Al llegar a casa, encontraron sobre la mesa una caja envuelta con papel de regalo azul. Dentro, una nota de Lucía: *«Para que nunca olviden este día. Con amor, en mi boda y en su historia»*. Era un marco con una foto suya, de Javier durante la canción, ella llorando de pie entre los invitados, la mano sobre el corazón. Marisol lo miró, luego a él, y sin decir nada, lo besó. No hacía falta. Todo estaba dicho.






