Mi madre me pidió que hiciera una prueba de paternidad y aceptamos, aunque nunca dudé de que Katia es mi hija.

Me llamo Víctor, tengo treinta y siete años. Aun cuando cuento con todo lo que siempre quise, me falta una cosa: una familia. Vivo en un piso de dos habitaciones en el centro de Madrid con mi madre, Doña María, desde que hace seis años falleció mi padre. No quiero defraudar a mamá ni quedarme corta sus expectativas, así que termino la carrera con una buena especialidad, consigo un empleo estable y cumplo sus ilusiones. Ella aguarda con impaciencia el momento en que le cuente que he encontrado a mi media naranja, para que pueda consentir a sus futuros nietos.

Al fin conozco a Inés, una joven que llega del pueblo de Almazán y, en ese momento, sigue estudiando. Su familia no es adinerada, pero a mí no me importa. Mi madre, sin embargo, no aprueba mi elección y dice que Inés no es adecuada para mí. Decido seguir el dictado de mi corazón y empiezo a salir con ella. Pasados unos meses la llevo a casa y le anuncio que vamos a vivir juntos y que ella está embarazada de mi hijo. Doña María sospecha que Inés se ha quedado en la ciudad por conveniencia.

A pesar del rechazo de mi madre, Inés se muda con nosotros y ella la recibe a regañadientes. Al principio Doña María no se entusiasma con Inés, pero con el tiempo la tolera. Inés resulta una ama de casa excelente y la casa recupera la calma. Sin embargo, mi madre sigue intentando sembrar discordia entre nosotros.

Cuando nace nuestra niña, la llamamos Begoña, mi madre insiste en que hagamos una prueba de paternidad. Yo acepto, aunque nunca he dudado de que Begoña sea mi hija. El estudio confirma que soy el padre, pero Doña María sigue rehusándose a aceptar a Inés en la familia y, peor aún, me sugiere que me separe de ella y me quede con la pequeña.

Enfadado, decido abandonar el hogar de mi madre llevando a Inés y a Begoña con mí. Desde entonces mantengo un contacto mínimo con Doña María, pues la veo egoísta y ajena a mis sentimientos. Lamento que no haya podido integrar a Inés en nuestra vida, pero no pienso seguir aceptando su actitud.

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Mi madre me pidió que hiciera una prueba de paternidad y aceptamos, aunque nunca dudé de que Katia es mi hija.
She Barred Her Mother-in-Law After What She Overheard Through the Thin Wall