Un día me dijeron con seriedad: — «¡Ya no tienes la misma edad que antes!»

Una vez, con cara muy seria, alguien me soltó:
Ya no tienes la edad adecuada.

Yo me quedé mirando, sin entender bien a qué se refería.
Perdona, ¿qué quieres decir con eso? le pregunté.

Y me contestó como si fuera obvio:
Ya sabes ahora no es momento de llevar vestidos llamativos, reír a carcajadas, bailar como antes, cantar a todo pulmón y estar alegre. Ahora hay que ser más discreta, más tranquila, más adulta.

Yo me quedé callada. No era por ofensa, sino porque me sorprendía lo fácil que la gente pone límites donde no los hay.

Después sonreí, me adentré en mi interior y, con calma, dije:
No he visto ni una sola página de ningún libro que diga cuándo hay que dejar de ser uno mismo.

Porque, en serio, ¿quién decide que a una mujer ya no le queda reír hasta llorar? ¿Quién marca la edad a la que no se puede usar un lápiz labial rojo o cantar sus canciones favoritas a pleno voz? No vamos a dejar de ser nosotras solo porque el calendario nos suma años.

Sí, llevo ya muchos años a cuestas, llenos de dolor, de aprendizaje y de mucha felicidad. He visto subidas y bajadas, pérdidas y nuevos comienzos. Y ahora soy otra: no más vieja, sino más serena, profunda y sabia.

He aprendido a valorar el silencio, a escuchar mi corazón y a entender que la verdadera juventud no está en el pasaporte, sino en los ojos, en la capacidad de alegrarse con las cosas pequeñas y en seguir sorprendiéndonos con el mundo.

Ya no tengo que demostrarle a nadie mi valor. No busco aparentar juventud, solo quiero vivir de verdad. Río cuando me da la gana, bailo cuando suena una canción que me encanta, me visto con lo que me hace sentir bien, no con lo que corresponde a mi edad. Y, sobre todo, me permito estar viva.

Porque la vida no es un escenario donde interpretas el papel de la edad adecuada. Es un viaje donde cada día es un regalo. Qué lástima cuando la gente renuncia a la alegría solo porque alguien dijo: «Ya no te conviene».

Me conviene reír cuando el alma canta.
Me conviene llevar vestidos brillantes aunque no tenga veinte años.
Me conviene ser yo, tal como soy ahora, sin excusas y sin miedo.

No existe eso de la edad equivocada. Solo hay un momento, cálido, auténtico, vivo. Y si sientes luz dentro, si el corazón aún quiere reír y amar, entonces estás viva.

Y ahora es mi momento de vivir. De verdad, sin límites, sin vergüenza, sin deberías ni no puedes. Porque nadie tiene derecho a decidir cuándo una mujer deja de ser ella misma.

Yo solo sigo viviendo. Cada día me digo:
Sí, esta es mi edad. La mejor.

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Un día me dijeron con seriedad: — «¡Ya no tienes la misma edad que antes!»
Caught My Husband at Our Daughter’s Graduation Party with a Mysterious Woman