¿Estás en tu sano juicio? ¿Te has gastado el dinero que llevábamos ahorrando cinco años en un piso para tu amante embarazada? ¡Incluso mi parte del dinero lo has tirado a esa! No tengo palabras ¿Cómo pudiste?
Trece años llevaba Ana casada con su marido. Quería a Igor locamente, simplemente por existir. Le encantaban sus despeinados cabellos castaños y esa sonrisa suya, cansada pero tierna, que siempre aparecía cuando miraba a su hijo de ocho años, Miguel. La vida en su pequeño pueblo transcurría lenta, sin grandes cambios.
…Igor llegó a casa a las nueve y media en punto. Últimamente se retrasaba mucho en el trabajo, pero Ana no le había dado importancia hasta ahoraal fin y al cabo, su marido se esforzaba por la familia. La puerta se cerró de golpe; se quitó la chaqueta, que olía a algo dulce y floral, nada que ver con su colonia habitual. Ana lo notó de inmediato.
Holadijo él, besándola en la coronilla. Vengo hecho polvo. Hoy ha sido un día durísimo.
Hola. ¿Cenarás? Ven, te he preparado algo.
No, gracias. Mejor me ducho.
Pasó de largo, y Ana sintió un hormigueo de inquietud. Otra vez rechazaba la comida. ¿Habría alguien más? Igor llegaba tarde, el móvil siempre en el bolsillo. Antes lo dejaba en la mesilla, pero ahora lo ponía boca abajo, bloqueado. Cualquier intento de tocarlo lo ponía nervioso.
Hoy llegas tardedijo ella, levantándose para guardar una taza. ¿Mucho trabajo?
Igor ya estaba en la puerta del baño.
Sí, Anita. Ya sabes, fin de trimestre. Informes. Puro papeleo.
¿Y por qué hueles así?la pregunta salió más seca de lo que pretendía.
Igor se detuvo. Ana supo que la había pillado desprevenido.
¿A qué huelo?Intentó sonar casual, pero sus hombros se tensaron.
A flores. Un perfume dulzón. No es tu colonia.
Ah, eso Seguro es de alguna compañera. Laura, de contabilidad, estrenó perfume hoydijo, quitándole importancia. Debe haberme empapado el olor. No me retrases, Ani. Estoy reventado.
«Laura, de contabilidadpensó Ana, volviendo al salón. Claro, claro».
Ese aroma la perseguía desde hacía dos semanas. Al principio se convenció de que era casualidad, que sus compañeros también usaban colonia
…El sueño de la familia entera vivía en una cuenta del Banco Santander, un depósito que abrieron juntos hacía cinco años. El sueño de un piso para Miguel, que planeaban comprar cuando cumpliera la mayoría de edad. Ahorraban cada céntimo. Igor, con su sueldo de ingeniero en la fábrica local; Ana, con sus modestos ingresos cosiendo a domicilio. Renunciaron a vacaciones en la playa cinco años seguidos, no compraron coche nuevo, escatimaban en todo excepto en la educación de Miguel. Ya debían tener unos 250.000 eurosuna fortuna en su pueblo, suficiente para que su hijo estudiase en la universidad sin sufrir en una residencia cutre.
El trueno cayó sin aviso. Un cliente le pagó a Ana, incluyendo una propina por su rapidez. En vez de ingresarlo online, fue al bancoquizá solo quería airearse. Hacía un día precioso.
La cajera, una chica joven llamada Lucía que conocían de toda la vida, le sonrió con profesionalidad.
Buenas tardes, Ana María. ¿En qué puedo ayudarla?
Hola, Luci. Quería revisar el saldo de nuestra cuenta de ahorros. Y, si puede ser, ingresar algo.
Por supuesto. Su DNI, por favor.
Ana se lo entregó. Los dedos de Lucía repiquetearon en el teclado.
Puesla cajera frunció el ceño. Ana María, aquí no hay nada.
¿Cómo que nada?Ana no entendía.
Pensó que Lucía debía de haberse equivocado.
La cuenta está a cero. Cero euros, cero céntimos.
Ana sintió que el suelo se abría bajo sus pies. Se agarró al mostrador.
Lucía, eso es imposible. ¿Estás segura? ¿Has revisado las fechas? La abrimos hace cinco años, está a nombre de Ignacio Vicente, mi marido. ¡Yo la he ido ingresando cada mes!
Sí, Ana Maríadijo Lucía, bajando la voz, comprensiva. Aquí está el movimiento. La última retirada importante fue hace dos semanas. En efectivo. Una cantidad muy grande.
¿Cuánto exactamente?Ana apenas logró articular las palabras.
249.000 euros. Lo retiró hace dos martes. Ignacio Vicente cerró el depósito.
Hace dos martes Igor llegó tarde ese día, dijo que tuvo una reunión.
Gracias, Lucía. Necesito un extracto completo del último mes. Urgentemente
…Ana salió del banco tambaleándose. No recordaba cómo llegó al coche. 250.000 euros. Igor lo había vaciado todo
***
Cuando Igor llegó, Ana estaba en la cocina, sentada frente a una hoja impresa doblada por la mitad. No había lágrimas en su rostro, solo una calma glacial, esa que precede al desastre.
Igor entró, dejó las llaves en la repisa y se frotó los ojos, cansado.
Hola. ¿Qué tal?
Siéntate, Igordijo Ana. Su voz era grave, plana, nada que ver con su tono habitual.
Igor la miró, sorprendido. Observó el papel. Poco a poco, su expresión se tornó comprensiva.
¿Qué es eso?preguntó, sin sentarse.
Siéntate. Tenemos que hablar.
Se dejó caer en la silla, despacio.
Ani, no entiendo de qué me hablas.
No finjas, Igor. Lo sabes perfectamente. Hoy fui al banco. La cuenta está vacía. 249.000 euros. Desaparecieron hace dos martes.
Igor bajó la mirada hacia sus manos, sobre la mesa. No intentó negarlo.
¿Cómo te enteraste?
¿Importa eso? ¿Qué hiciste con el dinero, Igor?
Yo compré un piso.
¿Un piso? ¿Dónde? ¿Para quién?
Igor respiró hondo. Alzó la vista, y en sus ojos no había remordimiento, sino irritación y una amarga determinación.
Para ella.
¿Para quién?Ana no gritaba. Hablaba como si comentara el tiempo.
Igor, dime su nombre.
Sofía Sonia
Ana lo miró fijamente. Igor, encogido bajo su mirada, empezó a hablar:
Ani, no sé cómo pasó ¿Te acuerdas del viaje de empresa a la sierra el año pasado? Cuando el jefe nos obligó a ir para fomentar el «team building»? Allí la conocí
Igor calló. Ana, con voz neutra, ordenó:
Sigue. Cuéntamelo todo.
Bueno Sonia me gustó al instante. Me enganchó. Ani, tú eres hogareña, tranquila, y ella es un huracán. Con ella me sentí joven otra vez. Claro, solo tiene diecinueve años, Ani. Va en moto, está llena de tatuajes, tiene piercings Perdí la cabeza. Contigo me siento bien, pero como con una amiga, después de tantos años
A Ana se le paralizó la garganta. Quería llorar, abofetearlo, romper toda la vajilla Pero se contuvo. No podía perder la dignidad frente a un traidor.
Continúa.
Dejamos de vernos un tiempo. Ella me dejó, dijo que la aburría. Sufrí mucho, Ani. La llamaba, me humillaba, rogaba verla Y luego empezó con otro. Yo ya lo superaba, te lo juro. Hasta que hace siete meses me llamó, volvimos, y ya sabes. Y entonces, boom: embarazada. Ani, no podía abandonarla con un bebé. Sonia se peleó con su madre, la echó de casa. ¡No iba a dejar que mi hija viviera en la calle!
Ana se levantó y se acercó a la ventana:
O sea, la hija de tu amante la proteges, pero a tu hijo no te importa. Enhorabuena. Mañana vas al notario y firmas la mitad del piso a nombre de Miguel. Cuando crezca, lo venderé, y mi hijo tendrá su casa. Lo que hagas tú me da igual. Por la mañana presento el divorcio, y si intentas entorpecerlo, te arruinaré. Te dejaré en ridículo ante todo el pueblo.
Por supuesto, Igor intentó recuperarla hasta el día del juicio. La esperaba en la calle, le mandaba mensajes dramáticos Pero Ana no respondió. Se divorciaron. Y la amante tampoco lo quiso. La niña, que nació justo a tiempo, no era suyalos ojos rasgados lo delataban. Y así termina esta historia.







