¿Llegas? ¿Quién te invitó, en serio? Habrías hecho mejor en ayudar con dinero repuso fríamente la tía.
¿Acabas de llegar? ¿Y quién te llamó? Más que nada, podrías habernos echado una mano con el billete dijo la tía María con tono seco.
Élodie frunció el ceño al oír el insistente timbre que la sacó de la cama.
Al mirar la pantalla del móvil, se sorprendió al ver que su prima, con la que no hablaba desde hacía más de dos años, la estaba llamando.
¿Sigues dormida? Qué suerte, yo no paro de llorar
Claro que sí, estoy en mitad de la noche contestó Élodie mientras revisaba su despertador, que marcaba la una y media de la madrugada.
Si duermes con tanta tranquilidad, ¿todavía no sabes nada? prosiguió enigmática su prima.
Jeanne, ¿puedes ir al grano? suspiró Élodie al teléfono. Tengo que levantarme temprano.
Podrás dormir después. ¡Hay una desgracia en la familia! anunció su hermana, como si Élodie fuera la culpable.
¿Qué tipo de desgracia? preguntó Élodie, temiendo que se tratara de su madre.
El tío Timothée falleció esta mañana sollozó Jeanne. De forma inesperada. Para la tía María ha sido un golpe. No disponemos de dinero; hay que aportar. Mañana, con mi hermano, iremos al pueblo. ¿Vienes con nosotras?
No puedo. Solo iré a la vigilia.
Entonces hazme una transferencia; mañana entregaremos el dinero a la tía. insistió Jeanne. Setecientos euros.
Élodie mandó al instante la suma a su prima desde el móvil y volvió a dormir.
No le afectó mucho la noticia, pues hacía tiempo que no tenía trato con la familia paterna.
Tras la muerte, habían cortado todo vínculo con Élodie y su familia, alegando que ya no formaban parte del clan.
Sin embargo, consideró descortés quedarse al margen y decidió colaborar.
Después de la transferencia, nadie la volvió a llamar. Jeanne la olvidó de inmediato.
Élodie intentó varias veces localizarla para averiguar la fecha de la vigilia, pero la prima no respondía.
Con dificultad, la halló a través de conocidos comunes y se dirigió al lugar para despedirse del tío por última vez.
La tía María la recibió con una mueca de desagrado, como si la presencia de Élodie le resultara más molesta que la muerte de su esposo.
¿Has venido? ¿Quién te ha invitado? Hubiera sido mejor que trajeras dinero replicó con desdén.
Te he enviado setecientos euros repuso Élodie.
Curioso, no veo nada de eso refunfuñó la tía, incrédula.
Yo le di el dinero a Jeanne
Vas con cuentos, cruzó los brazos sobre el pecho. Ella y Arthur solo me trajeron mil euros, quinientos cada uno. No se mencionó tu nombre.
No entiendo nada dijo Élodie, buscando a Jeanne con la mirada.
Como por casualidad, la prima había desaparecido. Finalmente, la encontró fuera, junto a la verja.
Jeanne, ¿no entregaste el dinero a la tía María en mi nombre? ¿Dónde quedó? exigió Élodie.
Sí lo hice respondió a regañadientes.
Me dijo que el dinero venía solo de ti y de Arthur
Se equivoca contestó Jeanne sin interés.
¿Habéis puesto mil euros?
Sí.
Eso era para los dos, no para tres.
¡Pues claro! ¿Quién pondrá la gasolina, entonces? Levantó la vista y hacía una mueca.
Setecientos euros para apenas doscientos kilómetros. Además, ¿por qué debería yo costear vuestro trayecto? preguntó Élodie.
¿Quieres que te devuelva el dinero, eso? le espetó.
¡Sí, lo quiero!
No ahora, te lo transferiré más tarde dio la espalda Jeanne y se marchó con la cabeza en alto.
Desilusionada por la reacción de su tía y la actitud de su prima, Élodie decidió no quedarse en aquella casa y lamentó haber ayudado.
Llamó discretamente a un taxi y se fue. Una semana después, su madre la llamó entre sollozos.
Hija, ¿es cierto que diste dinero para el funeral de Timothée y luego lo recuperaste? preguntó, casi llorando.
Yo entregué la suma, no lo he tomado de vuelta.
La tía María cuenta a todo el pueblo que tú te lo quedaste. Está ofendida porque no te recibieron con los brazos abiertos dijo su madre con tristeza. Me da vergüenza pasear por el pueblo, todos me miran.
¡Mamá, no fue así! exclamó Élodie, indignada por los chismes familiares.
Le explicó a su madre lo que realmente ocurrió en casa de la tía.
Jeanne nunca me devolvió el dinero concluyó Élodie.
¡Se lo quedó a la tía y alegó que tú lo habías exigido! ¡Qué descaro! ¡Ojalá ese dinero les pese en la garganta! exclamó su madre furiosa.
Al enterarse, Élodie pensó en llamar a Jeanne, pero prefirió cuidar sus nervios y dejó de hablarle.
Pasados unos meses, la prima volvió a aparecer.
Hemos decidido colocar una lápida para el tío Timothée. Te costará mil euros anunció Jeanne con tono comercial.
¡No daré ni un centavo más!
Vaya actitud hacia la familia exclamó Jeanne al teléfono. Me sorprende.
Yo tampoco esperaba ser engañada y luego escuchar calumnias.
¿De qué hablas?
Te quedaste con el dinero de la tía María sin devolverlo y afirmaste que era culpa mía ¿Crees que volveré a tratar contigo? Después de la muerte de mi padre, dijeron que mi madre y yo ya no éramos parte de la familia, así que no les debo ayuda alguna declaró Élodie antes de bloquear el número de su prima.






