Tras el divorcio: ¡Encontré a mi príncipe en… una parada de autobús!

Dos años atrás mi mundo se vino abajo. Mi padre falleció y, tras veinte años de matrimonio, mi divorcio se consumó. Sin trabajo y con los cuarenta bien puestos, me vi obligada a mudarme a la casa de mi padre en un pequeño pueblo de la provincia de Segovia.

El destino parecía empeñado en seguirme la pista. El tejado, construido por un chapucero local, goteaba sin cesar. Yo ya no tenía fuerzas para talar leña. Los obreros que habían sustituido la carpintería dejaron el trabajo a medias y el viento se colaba por los huecos. Para calentar el hogar recogía piñas de pino y, en su ausencia, quemaba los libros que había acumulado. Entonces se fue la luz y tuve que apagar la calefacción.

El dueño del bar de enfrente, El Rincón, empezó a lanzarme ofertas calientes, y yo no sabía si reír o llorar. Pensaba que las cosas no podían empeorar, pero, de pronto, una luz se encendió en medio de la oscuridad.

Mi príncipe apareció en la parada del autobús del pueblo, bajando del vehículo con el pelo despeinado y ropa de trabajo. Era un tejedor de techos, llamado Alejandro. Me preguntó si necesitaba ayuda; admití que sí, pero que no podía pagarle. Él me respondió que, cuando tuviera dinero, lo arreglaríamos.

Sin dudarlo, reparó el tejado, el grifo, el contador de agua, la cerca, los escalones y las ventanas. Una noche, en medio de un helado crudo, encontré en mi casa un fuego crepitante y, al lado, una taza humeante de té de hierbas.

Como si fuera un milagro, aquel brebaje alivió mi garganta congelada y mis pies entumecidos. Supe en ese instante quién era mi héroe y cómo agradecerle, aunque él, humilde y sencillo, no quiere que le mencione el nombre; el pueblo es pequeño y todos lo conocen.

Hoy la casa y el jardín lucen renovados, con la clara señal de una mano masculina que ha trabajado con esmero. Con mi príncipe a mi lado siento calidez y felicidad, y el único temor que me queda es perderlo.

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Tras el divorcio: ¡Encontré a mi príncipe en… una parada de autobús!
My Husband Left Me. My Mother-in-Law Found Out and Came Knocking at My Door.